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Pasado vs. Presente: ¿Por qué algunos otakus prefieren los animes clásicos en lugar de los actuales?

Nuestro colaborador Komori-Kun nos trae uno de los temas más debatidos entre los fans del anime, tanto veteranos como recién llegados.

Los fans del anime, tanto veteranos como nuevos, siempre han debatido qué etapa creativa del medio fue o es mejor./Fuente: Composición.

Los fans del anime, tanto veteranos como nuevos, siempre han debatido qué etapa creativa del medio fue o es mejor./Fuente: Composición.

  • Redactor: Aweita
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  • 22 Ene 2021 | 17:18 h

Por Komori-Kun.

Hay muchas razones por las muchos piensan que los animes de antaño son mejores a los actuales. Aquí citamos algunas que sirven como principal sustento para quienes prefieren los animes clásicos.

El énfasis es mayor en la narrativa que en la acción

No es extraño que un gran número de otakus sean fanáticos de las escenas de acción, pero han confesado que demasiada puede ser sofocante. O peor, puede convertirse en el foco de la narrativa y tornar la historia predecible. Es terriblemente aburrido cuando uno es capaz de predecir lo que a va suceder, lo que hecha por los suelos la emoción que debería resultar con la supuesta gran revelación del capítulo o la trama en sí. Esta es una de las fallas que muchos otakus señalan en los animes contemporáneos. El exceso de las escenas de acción a veces causa que se descuide la historia, lo que conlleva a que muchos animes tengan tramas terriblemente similares. Si la audiencia es capaz de predecir no sólo el desenlace, sino también los antecedentes de los personajes o hasta las líneas que cada uno dirá, es garantía que terminen dejándolo de lado. Los animes clásicos (como Saint Seiya) también tenían su cuota de estereotipos, pero sabían equilibrar la acción con una narrativa cautivadora. La sólida línea argumental distinguió a muchas series que vimos en nuestra infancia y aún recordamos con cariño.

La calidad artística era mayor en los animes clásicos

Antes del año 2000 el CGI no se usaba tanto en los animes. Constituía más un recurso estilístico o de apoyo que un elemento obligatorio en la animación de una serie. Los dibujos eran hechos a mano, al igual que la mayor parte del coloreado y estilizado. Es verdad que los gráficos digitales lucen precisos, pulidos y su manejo adecuado consigue una excelente proporción en las formas y siluetas. Pero los dibujos animados desprenden una sensación orgánica que los hace sentir más reales y verídicos.

Y eso distancia enormemente al CGI de la animación tradicional. Los animes más recientes, como Overlord, Zombiland Saga y Dragon Ball Súper (La película de Broly) han usado animación digital, generando críticas mezcladas en la audiencia sobre su uso. Y otras desafortunadas series, como Berserk (el remake), Dragon Age, y la recién estrenada Ex - Arms han basado toda su animación en el CGI, lo que se convirtió en el primer aspecto fuertemente repudiado debido a lo errático y caótico que era ver a los personajes gesticular o moverse, como si fueran muñecos de cartón retorciendo forzosamente sus articulaciones.

Otra de las bondades del dibujo y animación tradicional es el estilo distintivo que caracteriza a cada anime, un detalle que se pierde con la animación en 3D, así se copie la forma en que el mangaka dibuja los trazos.

Desarrollo de los personajes

Aunque no siempre haya sido así, los animes de antes y mediados del año 2000 ofrecían una mayor variedad de personajes con una marcada evolución. Algo que iba de la mano con el formato episódico que supera los 12 capítulos, cifra a la que muchos animes de hoy se limitan. Con eso, era más posible explorar a los personajes principales y sus antecedentes. 

En algunos casos, como Get Backers o Helsing, se ahondaba también en los personajes secundarios, que destacaban y brillaban con su propia estrella gracias al esfuerzo de los guionistas. Los villanos tampoco se quedaban atrás, pues personajes como Makoto Shishio (Rurouni Kenshin – Samurai X) o Johan Liebert (Monster) dejaron huella en muchos fanáticos.

La Nostalgia

El factor que mueve los corazones de la vasta mayoría de otakus cuando miran nuevamente esa serie que disfrutaron de niños. El estilo clásico de los animes con los que muchos crecimos nos ha acompañado desde que nos iniciamos en el fascinante mundo de la cultura popular japonesa. Sus historias y personajes son parte de nosotros, y lo serán siempre adonde sea que vayamos. Las personas tenemos la tendencia a retener aquello que nos resulta familiar en lugar de aceptar del todo lo nuevo que se nos presenta conforme avanzan los años. Usando la última película de la llamada Rebuild of Evangelion como ejemplo, el ver estas nuevas entregas con todos los cambios  y mejoras no ha disminuido ni opacado a la serie original. Es más, ha reforzado su posición como uno de esos animes legendarios que revitalizó un género que se creía que había llegado a su límite. Volver a ver la serie original, ya sea en el idioma original o con el doblaje del desaparecido canal Locomotion siempre nos emocionará casi hasta las lágrimas. 

Hay otros aspectos que estoy seguro me falta mencionar, pero este es mi perspectiva sobre el motivo por el cual muchos otakus de mi edad preferimos volver a ver los animes que nos encandilaron de niños y jóvenes en lugar de dejarnos arrastrar completamente por la vasta colección de series actuales. Unos pocos animes destacan debido a que nos recuerdan esos rasgos que distinguieron a los que marcaron nuestra formación como otakus. Y aunque esperemos ansiosos el nuevo capítulo de Shingeki no Kyojin o la siguiente temporada de Kimetsu no Yaiba, siempre volveremos la mirada atrás para atesorar los mejores animes de nuestra vida.

Y por último para cerrar con broche de nostalgia pura, les comparto un opening que sonó en la infancia de muchos. El anime llevó el nombre de Zoids y su adaptación latina fue muy bien acogida por Latinoamérica. Si bien nunca tuvo una versión completa oficial en español (incluso a hoy se desconoce el paradero del interprete latino original), aquí les comparto una versión full de la banda Animelmack, que nos regalaron la pieza faltante a esta colección de buenos recuerdos.