Este acertijo podría revelarte una característica de tu comportamiento que no conocías

En un estudio realizado por la Universidad de Boston a un grupo de estudiantes de psicología, el 86% no supo resolver este acertijo, que podría revelar un patrón del comportamiento desconocido por muchos.

En la actualidad, es común encontrar una infinidad de acertijos que aseguran mostrarte rasgos de tu personalidad, pero son pocos los que cuentan con un verdadero estudio científico, como el que te mostraremos a continuación, que es muy conocido en el ámbito de la sociología. Presta mucha atención.

“Un padre y su hijo viajan en coche y tienen un accidente grave. El padre muere y al hijo se lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia, para la que llaman a una eminencia médica. Pero cuando entra en el quirófano dice: "No puedo operarlo, es mi hijo". ¿Cómo es posible esto?

Si ya encontraste la respuesta, es probable que te parezca increíble que tantas personas fallen al resolverlo. Si aún no encuentras la explicación, te la contamos en las siguientes líneas.

¿Cómo es posible que no se nos haya ocurrido la respuesta más obvia? Lo que nos pasa a la mayoría, hombres y mujeres, tiene un nombre científico: es una parcialidad inconsciente o "implícita".

Esto explica por qué muchas veces hasta a las personas más feministas no se les ocurre resolver el acertijo diciendo que la eminencia médica es una mujer.

Así, los científicos explican que el origen de este tipo de prejuicios "implícitos" se remonta a la infancia temprana: cuando los niños aprenden del mundo que los rodea y crean en su cerebro asociaciones neuronales que relacionan conceptos y recuerdos de una manera inconsciente.

De hecho, "el cerebro inconsciente está a cargo de la mayoría de nuestro funcionamiento diario", explicó Tinu Cornish, psicóloga del centro Equality Challenge Unit, que asesora a universidades sobre diversidad.

"Si cada vez que vas a trabajar o enciendes la tele o escuchas la radio ves que los hombres están asociados al liderazgo, a un mayor estatus y a una mayor capacidad, eso es lo que nuestro cerebro inconsciente va a aprender", dijo.

"Nuestro cerebro inconsciente es como si dijéramos nuestro cerebro mamífero o reptil: no razona las cosas en palabras, sino que aprende que dos cosas están relacionadas. Y cuando dos eventos están relacionados hace que las neuronas establezcan una conexión", añadió la especialista.

Esas asociaciones son culturales, pero se fijan como huellas en nuestro cerebro y nos acompañan inconscientemente durante toda la vida.

En realidad, forman parte de nuestro desarrollo evolutivo: estos atajos mentales nos ayudan a navegar por el mundo, a categorizar automáticamente personas y situaciones que podrían representar un peligro y a tomar decisiones rápidas constantes a un nivel inconsciente.

Pero también nos predisponen a tener prejuicios de género, de raza, de religión, o de estatus socioeconómico que pueden contradecir los valores que firmemente defendemos.

Lo interesante es que la mayoría de la gente, incluida la más proigualdad, no sabe que porta estos sesgos culturales, que afectan a su comportamiento y a las decisiones que toman.

En Estados Unidos, por ejemplo, varios estudios demostraron que los doctores prescriben más cantidades de analgésicos a los pacientes blancos que a los negros, aun cuando ambos grupos describían el mismo nivel de dolor.

La psicóloga Mahzarin R. Banaji, de la Universidad de Harvard, publicó en el 2013 un libro titulado "Punto ciego: los sesgos ocultos de la gente buena". Cuando Banaji hizo el test de asociaciones implícitas, que ella misma había desarrollado junto a sus colegas investigadores, se llevó una decepción.

"Encontrarme cara a cara con el hecho de que no puedo asociar a las mujeres con el liderazgo o la piel oscura con cosas buenas tan rápidamente como puedo asociar la piel blanca con lo bueno, o el liderazgo con los hombres, fue como si me clavaran un puñal y después me lo retorcieran", admitió Banaji en una entrevista para la BBC.

Pero no todo está perdido, ya que si se toma consciencia de la “parcialidad implícita” se pueden crear estrategias para romper estos modelos arcaicos con los que muchas personas crecen y fomentar modelos femeninos en el trabajo, por ejemplo, o desarrollar formas de corregir el sexismo en el momento de la toma de decisiones.

Tal vez, de esta manera podríamos evitar que las futuras generaciones crezcan pensando que el azul es para los niños y el rosado, para las mujeres; o que solo los hombres pueden ser médicos y las mujeres, enfermeras.

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